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La archidiócesis de Valencia cuenta desde hoy con siete nuevos sacerdotes

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha presidido este sábado, la solemne misa de ordenación sacerdotal de siete diáconos en una celebración que ha tenido lugar en la Catedral, y en la que han participado numerosos sacerdotes, entre ellos los rectores y formadores de los Seminarios, miembros de la Curia Diocesana y del propio Cabildo de la Catedral.

Los nuevos presbíteros son David Ramírez, de 32 años y natural de Benisa; Juan Herrera, de 26 años y nacido en Valencia; Alberto Martín, de 30 años y de Santander, aunque vinculado desde hace 7 años a la diócesis de Valencia; Joaquín Silvestre, de 32 años natural de Ontinyent; José Manuel Valero, de 29 años y nacido en Pego; Jesús García, de 65 años y de Valencia así como Vicente Sarrió, de 60 años y nacido en Solana.

Durante su homilía, el cardenal Cañizares ha destacado refiriéndose a los nuevos sacerdotes que cada uno de ellos “sois elegidos y llamados para ser don de la Iglesia, regalo de Dios, obra de la gracia y ungidos para llevar a cabo la misma misión de Cristo: dar la buena noticia a los que sufren y a los pobres, sanar o vendar los corazones desgarrados, y consolar a los afligidos”.

El purpurado a animado a los nuevos sacerdotes a a ser “sacerdotes para la vida de los fieles y para su participación en la misión de la Iglesia”, al tiempo que ha advertido que “ante un mundo de increencia, paganizado, que vive prácticamente a espaldas de Dios y alejado de Él” el sacerdote “debe ser para los fieles hombre de Dios y testigo del Dios vivo para lo cual, necesitamos vivir la experiencia de Dios en lo más hondo de nosotros, amar con todo el corazón a Dios”. Igualmente ha resaltado la necesidad de que los presbíteros armonicen “las diversas mentalidades para que nadie se sienta extraño en la comunidad de los fieles, llevando a todos la unidad”.

El Cardenal ha recordado la misión del sacerdote para promover, formar, acompañar y orientar al laicado de nuestras comunidades apuntando a que “todos se sientan corresponsables en la obra evangelizadora de la Iglesia, cada uno según sus capacidades y dones recibidos”. Además, ha hecho un llamamiento a la caridad y la evangelización de los pobres para llevar la buena noticia a los que sufren “porque no hay mayor miseria que no conocer a Dios”.

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